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El sistema de seguridad marca en rojo varias secciones sobre un “holoesquema” del visor del traje, y una voz entrecortada con timbre asexsuado anuncia: “Brecha detectada en el traje. Niveles de mezcla alterados. Perdiendo presión”. –Soy el único superviviente ¿verdad? Estupendo. Intuyo que ahora llega el verdadero final.

La única luz ambiental viene de chispazos nerviosos y descompasados que iluminan la escena con excéntricos parpadeos. Es una pesadilla de sombras y siluetas destellantes que se contraen y expanden creando una enredada madeja de oscuridad y luz; cables, mamparos y distintos conductos arrancados que antes formaban parte de la estación.

Haciendo girar todo el cuerpo lentamente en ausencia de gravedad, el haz de luz fija del casco del traje avanza con prudencia por la pared del fondo, siendo devorado por el vacío cada vez que cubre una sección arrancada; delatando una espeluznante ausencia lumínica y material que se cierne al otro lado de la estructura artificial. Parches de oscuridad en las paredes que parecen desembocar en el mismísimo olvido. No hay estrellas. “ÉL” ya está aquí. -Sí. Se acabó todo.

Solo quedan escasos minutos para que las reservas de aire del traje lleguen a cero. Entonces el único ser vivo de la sala pasará a formar parte del enjambre de objetos inertes, que chocan y danzan en una compleja coreografía destinada a no acabar nunca. La luz de la linterna destella en la placa de ayuda de un tao2 ,o “Terminal de abastecimiento de oxígeno”, de los miles que poblaban los pasillos y estancias de la estación. Con ello, cierta esperanza de vida asoma por el horizonte.-Después de esto, una buena reentrada y salvas el culo de milagro. -Ni de coña.

“ÉL” habló para todos.
Un sonido imposible que contagia todas las cosas se hace presente en el poco compuesto gaseoso que queda en el interior del traje. Un coro infinito de tubas ciclópeas en perfecta armonía que claramente vocalizan unas palabras, con cadencia inefable, e imposible de reproducir por ninguna estructura biológica conocida.

Unas palabras que ya habéis escuchado antes

El poder del estallido sónico que consigue transmitir este estruendo por el vacío del espacio exterior es tal que licua desde epidermis hasta huesos, convirtiendo el traje del cosmonauta en un macabro sobre alimenticio.

Miles de brazos, patas, tentáculos, filamentos y terminaciones nerviosas del tamaño de vigas o troncos de árboles se abren paso, hasta inundar de biomasa el interior de una construcción que un día significó esperanza para la raza humana y la vida en la Tierra.

La inmensa mole, aquel “ser”, se funde en un amargo y digestivo abrazo con los restos de la estación, asimilando cualquier materia orgánica que estuviera en su interior. Un planeta se cierne bajo su quimérica sombra.

-¿Queréis que siga? Como no me decís nada…

-A ver, a ver. ¿Hemos hecho lo correcto o no? Yo todavía no se si de verdad me habría sacrificado.

-Ja ja.Era la única vez que llegábamos todos vivos a la última sesión

-Sabíais que era inevitable. Aun así, había un hechizo perdido por la nave que proporcionaba cierta inmunidad durante unos instantes. Para la próxima, no os hagáis personajes tan físicos, y fijaos más en los atributos mentales.